sábado, 12 de noviembre de 2011

Pase lo que pase

Hay quien dice que estos comicios que se nos vienen encima en unos días son pocos trascendentales y que de ahí el perfil bajo de la campaña electoral que estamos viviendo.

Hay quien afirma, por el contrario, que son de las mas trascendentales de las que hemos tenido en nuesrea joven democracia y que, poco menos, que nos lo jugamos todo a una carta (o a dos, Rubalcaba y Rajoy).

Entre las dos variables de los extremos de la trascendencia hay pocas cosas certeras, quizá la más evidente sea una necesaria nueva vida democrática en este país. Una regeneración de ideas impulsada por la indignación ciudadana y que ya ningún partido que se precie de serlo (esto excluye a algunos como al PP) puede esquivar.

El compromiso de la democracia participativa ha empezado su camino, que será bien largo, y que nos llevará inevitablemente hacia cosas tan ajenas para nosotros como son las consultas populares, las listas abiertas, las auditorias externas, los compromisos de transparencia... y un sinfín de figuras legales que hasta ahora veíamos con envidia en los referentes nórdicos o centroeuropeos.

Inevitable será también combinar estos pasos con la recuperación de la dignidad ecnonómica y que sean los estados los que marquen las normas de juego, y no las empresas multinacionales que solo representan intereses particulares. Y tanto como inevitable, inexcusable.

Porque este es el verdadero reto, resistir el ataque frontal al Estado del Bienestar, siendo críticos y participativos. Llega el momento de ser más generoso que nunca, porque lo contrario será ser tan ciegos como siempre.

martes, 18 de octubre de 2011

Así somos

Quizá la regeneración democrática pase sólo por los cambios en el gobierno de la nación. Quizá sea cierto que la alternancia en el poder sea la clave para evitar los desmanes en las instituciones del Estado y, lo que más tememos los convencidos del servicio público, la corrupción.

Pero no es así. La alternancia en el poder lo único que evita claramente es que sean los mismos aquellos que se equivocan y por ende, corrompan. Pero no ataja el problema en sí.

Dando por hecho que las personas tenemos cierta tendencia a cometer estupideces en el ejercicio de nuestra profesión, tendríamos que tomarnos más en serio las soluciones a este problema cuando el ejercicio de nuestra profesión es tomar decisiones que afectan a nuestros vecinos (es el ya conocido: no me jodas si no quieres que te joda yo a ti).

Por tanto, ¿porque no realmente ponemos este tema sobre la mesa?.

Seguramente sea por dos cuestiones: la primera de ella son los intereses ya creados en torno a los ámbitos de poder. La segunda el miedo a no saber hacerlo bien y que sea peor el remedio que la enfermedad.

Arturo Pérez Reverte, prolífico y apasionante escritor y paisano mío tenía razón (mal que me pese) cuando decía que nuestra clase política era poco menos que un atajo de inútiles que no se pondría nunca deacuerdo para sacar al país de sus males. Mucho de lo cual, pero con más optimismo, repetía José Luis Sampedro en una entrevista de Juan Ramón Lucas al afirmar que o lo hacen, o se ponen deacuerdo, o esto petará por algún lado. Lo veremos no mañana, pero sí dentro de unos pocos años.

No es por ser agorero. Cierto es que me gusta ser constructivo y por ello aporto notas para viajeros de la red que, por suerte o infortunio, acaben leyendo estas líneas. Alguno de ellos el día de mañana seguro tomará decisiones importantes.

La prueba infalible de que ésto puede hacerse bien, lo de no meter la mano de una u otra forma, es como se lo montan en los países nórdicos. Allí "joder la marrana" en las instituciones públicas tiene como consecuencia que hable mal de ti hasta la última de las porteras... algo insufrible. Y los buenos ciudadanos fineses, suecos, etc, se lo toman esto muy a pecho.

Aqui no, aqui da lo mismo. Porque no tenemos criterio de proporcionalidad, sino criterio de ovocidad...es decir, nos suda los cojones. Hemos asumido que quién haya mandando roba, y lo único que nos molesta es que robe al descubierto. Así somos de lerdos.

Quizá sería hora de aprovechar conclusiones tan sólidas como las proporcionadas por el Movimiento 15-M (y otros muchos antes que ellos), para que después de los próximos comicios nos pongamos en serio con este tema. Todos los que participamos de movimientos sociales deberíamos dar este paso.

Aquellos que no lo hagan... no se les ocurra hacer carrera en el norte de Europa, allí no te cortan las manos literalmente, pero duele más.

jueves, 6 de octubre de 2011

Somos Portugal

A punto de cumplir un mes de estancia en tierras lusas quiero recapitular y, como decía el recién desaparecido Stave jobs, unir los puntos ahora que podemos mirar atrás cuando ha pasado un tiempo prudencial.

Vengo en "misión erasmus", pero en la mochila llevaba también la percepción del turista y del pequeño "Paco Martínez Soria" que se pierde en cualquier parte. Es por ello por lo que trataré de enfocar esta parte de la forma más abierta posible, aunque vaya por delante el decir que es muy difícil alejarse de los tópicos, que si existen, es por algo.

Porto (Oporto) está en el punto de transición de la decrepitud al modernismo. Ese alargado momento que trata de quitarse de encima los polvos del pasado tapando con edificios una forma de ser que a fuego tienen sus vecinos grabada en la piel, otro de los sinsentidos del ser humano.

Así pues, Porto es una ciudad bohemia, bonita y barata. Con la pujanza de ser la capital del norte del país, foco industrial, nexo de comunicaciones y además (lo que más me arada) una amplia oferta cultural que te mantiene más que entretenido los 7 días de la semana. No voy a describir en plan guía turísitico en todo lo que tiene la ciudad porque guías hay en internet tropecientos.

Ah sí, se me olvidaba... todavía no he salido de Porto (se nota que soy urbanita) pero en los próximos días sí viajaré a Braga, Aveiro y algún sitio más... o eso espero, ya os lo iré contando.

Decía, sobre Porto, que es bohemia... y tengo que decir que es mmuy, pero que muy bohemia. En todo el casco urbano encuentras multitud de locales que abren a horas y deshoras con precios asequibles para todos los públicos. El gusto por el trato educado en los locales, independientemente del tipo que sean, hace más apetecible salir de casa. Y en este agradecido desorden, nos encontramos sitios refinados, alternativos, clásicos, excéntricos y sobre todo acogedores, muy acogedores.

No es difícil hacerse un hueco y conocer gente, los tripeiros (forma coloquial de llamar a los portuenses) gustan de conocer a los españoles, admiran nuestra forma de ver la vida y les parece encantador nuestro acento. No viene mal, todo hay que decirlo, partir con unas cartas de ventaja cuando estás en un país que no es el tuyo y donde no conoces a nadie.

Encontraremos casas típicas (techos altos, fachadas de azulejos y con jardín comunitario en la parte de atrás) junto a edificios de viviendas normales al uso, calles adoquinadas y muchos comercios. Es una de las cosas que más me llamó la atención, la cantidad de centros y calles comerciales que existen, multitud. Teniendo en cuenta el bajo poder adquisitivo de las rentas del país es una paradoja, que se despeja cuando entiendes el alto nivel de endeudamiento de las mismas rentas. Es decir que si aquí nos compramos una cocina y la pagamos en 2 años, aquí lo hacen en 5.

Son orgullosos de su cultura, sin aspavientos patrios, pero muy orgullosos. Hay quien dice que es porque, tradicionalmente Europa mantuvo a Portugal fuera de la esfera de la política continental y los lusos tuvieron que mirar más allá del mar para salvar su futuro. Yo creo que es porque realmente tienen algo distinto que ofrecer al mosaico del viejo occidente.

Y llegamos a lo importante. Se come bien, MUY BIEN. La cocina portuguesa es muy variada y suculenta, aquí no se lleva lo de las tapas (pero les encantan) sino la olla pura y dura. Con lo cual no es extraño ponerse las botas en el "almoÇo" y no tener que hacer comidas pesadas el resto de la jornada.

Cafeteros a más no poder, optimistas aunque pensemos lo contrario y leales, muy leales. El sentido del compromiso está extendido y es sincero y aunque, en todas partes cuecen habas, por lo general la gente de aqui si te tiende la mano es porque realmente lo siente así.

Vencidos los iniciales recelos propios de quien pone pie en tierra extraña, he de decir que me siento bien, tranquilo y con la predisposición a pasar este año como un verdadero viaje enriquecedor. He conocido a muchos estudiantes erasmus a lo largo del tiempo y he podido comprobar que hay dos formas de lanzarse a esta experiencia. Aquellas personas que comienzan con mucho encanto pero que terminan deseando volverse y aquellos que no sabían si largarse o no a este experimento, pero que finalmente darían casi cualquier cosa por alargarlo. Siento que seré de los últimos.

Somos Portugal, formamos parte de esta cultura, que también es la nuestra. Por cierto, el portugués al oído, suena dulce, muy dulce.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Con el corazón desnudo

Con el corazón desnudo de quién no tiene nada que esconder,
Uno de ellos.
Alguien que saca las fuerzas del cariño de los demás,
Uno de ellos.
Apasionado cuando sueña despierto y dormido,
Es uno de ellos.
Grande el alma cuando la silba el viento en unas notas,
Uno de ellos.
No quiere nada de ti que tú no le quieras dar,
Es uno de ellos.
En la lealtad de tu mirada está cuanto te quiero,
Ponle tú la música a mi vida y dale sentido,
ya le puse yo la letra.

-

A mi hermano Manuel.

domingo, 14 de agosto de 2011

Una reflexión diabólica.

Hoy ha entrado en casa prensa escrita, insólito en la revolución tecnológica que vivimos en casa, pero resulta que mi hermano mayor se ha puesto nostálgico en la cola del pan y aprovechó la ocasión para financiar un par de multinacionales de esas que nos adjudican pensamientos a sabiendas que no son los nuestros... es decir, nos aleccionan.

Estas mismas empresas, en un acto de caridad, permiten que entre sus páginas se cuelen ciertos reportajes que nos acercan a la realidad mas cruda. Me he detenido en el relato de la tragedia que vive Somalia, esa parte del mundo que nosotros, grandes oligarcas del globo, parece que no sabemos ni donde está.

Desde 1991, y ya antes, se venía fraguando en el cuerno de África la última de las atrozidades que el ser humano ha permitido contra sí mismo. Una aparente plácida dictadura dió paso a una cruenta guera civil consentida y respaldada por las potencias mundiales.

Desde entonces, los muertos, desplazados y refugiados se cuentan por millones. Y nosotros, todopoderosos occidentales democratizados, no hemos sido capaces de frenar la sangría y la vergüenza. ¿Por qué? Simple y llanamente porque no nos ha dado la gana. Los que gobiernan (no necesariamente los políticos) se apoyan en la fragilidad del Estado del Bienestar y en el pago de nuestras hipotecas, colegios y llegar a fin de mes, para financiar desmadres de este tipo del que sacan innumerables réditos económicos. El tráfico ilegal de armas y todo tipo de recursos es más que evidente y está perfectamente documentado.

A partir de ahí caben en mi retorcida mente dos reflexiones, la primera de ellas es sentir vergüenza. Vergüenza por la cantidad de personas inocentes, madres y niños de temprana edad que pierden la vida mientras nosotros nos peleamos por 4 duros. La segunda es saber que más tarde o más temprano, tal y como avisada Jose Luis San Pedro, esto estallará por algún lado puesto que no estamos dispuestos a pararlo.

El primer palo fue el anuncio del cambio climático, los 90. A esto siguieron las revoluciones sociales, las guerras olvidadas, el saqeo económico de nuestras rentas y mientras el mundo se descompone Europa se convertía más en una burbuja infranqueable, malpensando que si cerrábamos la puerta la peste no podría contagiarnos.

Indignante la situación y de ella los indignados que ahora nos recuerdan que estamos a tiempo de pararlo y que de no hacerlo nos enfrentamos a lo que ya estamos viendo, pero en proporciones incalculables e incontrolables: que nos borremos del mapa.

No tengo escopetas a mano para liarme a tiros con la cantidad de impresentables que salen en la TV a dar lecciones de convivencia y moralidad, como con la cerda que acaba de ganar las primarias republicanas en Iowa. Ni tampoco una calculadora para demostrar con datos que, como ciudadanos, estamos poniendo una pasta gansa en la movilización de recursos dada la visita de Josefo 16 a Madrid en lugar de destinar todo esa energía a Somalia, pero si tengo algo, voz y voto.

Y mi voz y mi voto irán siempre destinados a aquellos compromisos con el bienestar de quiénes más lo necesitan, los que pasan hambre, los que huyen de la guerra, los que quieren vivir en paz e igualdad. Qué quieren que les diga... siempre fui un radical.